Pareja Abierta

“PAREJA ABIERTA” con ADRIÁN GHÍO

Hace un par de semanas, algunas amigas me pidieron ver fotos de la obra que hicimos con Adrián en el Teatro Empire.
Recordé entonces que la habíamos estrenado en el verano de 1991, hace exactamente 29 años.

Se habían acercado Adrián y Alejandro Vannelli, que hacía la producción, a ofrecerme esta obra de Darío Fo y Franca Rame que posibilitaba un juego escénico muy atractivo para los actores… y, luego de muchos ensayos y charlas con los creadores participantes del espectáculo, estrenamos.

La relación con Adrián era fantástica arriba y abajo del escenario. En escena nos divertíamos como locos pues él era dueño de una simpatía y seducción que, unidas a un gran talento de comediante, hacían de nuestro trabajo una verdadera fiesta.

En la vida cotidiana se había transformado para mí en una persona de confianza absoluta y un consejero necesario. Todo resultaba fácil con su optimismo y su empuje… siempre sonriente, siempre feliz.

Tuvimos mucho éxito durante varios meses, a sala llena… hasta que sobrevino la tragedia.

El viernes 3 de mayo terminamos una función que había resultado muy accidentada: se había extraviado una utilería muy importante para un gag, y se rompió una mesa de cristal en escena mientras actuábamos.

Fuimos a nuestros camarines bastante angustiados y le consultamos al asistente de dirección por qué había sucedido todo aquello y él nos contestó “No lo entiendo: es como si las cosas se escapasen por un agujero negro”.

Adrián me tomó de la mano y me dijo: “Vayámos… olvidemos esta noche que mañana hay dos funciones y ya está todo vendido”. Me dió un beso y me aconsejó acostarme temprano, “yo haré lo mismo” dijo y se fue a buscar el auto.

Al cruzar Scalabrini Ortiz, camino a Palermo donde vivía, un patrullero que circulaba de contramano, con las sirenas apagadas y que cruzó en rojo lo atropelló.

Adrián, que tenía 45 años y dos hijas adolescentes, agonizó 39 días en el Hospital Fernández. Ana Ferrer, su esposa, y sus amigos no lo dejamos un minuto solo en aquellos días desesperantes.

Le ilusionaba que conversáramos del trabajo y yo le inventé que iría a buscar sala en Mar del Plata para hacer la obra, me regaló una sonrisa inmensa y murmuró que para entonces ya estaría bien.

Murió el 12 de junio en la plenitud de su carrera.

En agosto Ana organizó un partido de fútbol benéfico con Diego Maradona para recaudar fondos a fin de comprar un tomógrafo para el Hospital Fernández que no tenía y que, tal vez, hubiera ayudado en su recuperación.

La partida de Adrián me afectó muchísimo. Nunca supe por qué, después del entierro, compré un pasaje para Asunción del Paraguay donde nunca había estado ni conocía a nadie.

En el avión se me acercó Juan Alberto Badía que estaba viajando por trabajo, y me preguntó: “¿A qué vas al Paraguay?”

“A llorar” le dije.

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