A la bailaora Cristina Hoyos

Ví lo que no se niega y no se nombra
cuando te ví bailar. Bajo el tungsteno
te sentí progresar como un veneno
en el espacio de mi propia sombra.

Llegaste a mí, maravilla,
como un recuerdo por venir y exacto;
sueño que se rebela y en el acto
se transforma en simiente y en semilla.

Supe que para siempre me dejabas
antes de que pudiera hacerte mía.
Quise volverte eterna y ya no estabas.

Quise olvidarte pero ya volvías.
Te tiré mi sombrero, saludabas.
Y me sentí morir por bulerías.