En el país de los enanos

Y yo opiné, sin escuchar susurro alguno, o no lo quise escuchar, o me tapé los oídos. Escuché al idiota, cogí un pincel y pinté de azul el país metafísico que me ofreció, en una noche ávida de lectura, el poeta Balducci. Solo me tomé la licencia de sumar un rojo de cadmio a mi paleta para resaltar las miradas y la piel de las enanas.

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